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Regalo de Navidad

Regalo de Navidad

La mañana del 25 de Diciembre siempre ha sido especial para toda la gente. La Navidad empezaba, el colegio estaba cerrado, nevaba en cantidades... Y regalos. Los regalos tan bien colocados debajo del árbol, tan bien envueltos, con una etiqueta que ponía ‘Ábreme’. Todos los niños del mundo ansiaban ese día para salir y estrenar sus nuevos regalos.

         Eso sería los más normal, ¿no? Pero, ese día no había regalos. ¿Dónde estaban? ¿Qué había pasado?

         ¿Y Santa Claus? No era posible que todos los niños del mundo hubieran sido malos. Ese fue el razonamiento que los hermanos Hecox, Ian y Anthony, tuvieron. Preguntaron a la gente del barrio. ¡Ningún niño tenía regalos! ¡No podía ser verdad!

         - ¿Qué ha pasado con Santa Claus? No ha podido desaparecer –dijo Ian, el menor.

         - Nadie ha tenido regalos. ¡Ha salido incluso en los periódicos y en la televisión! –Anthony estaba perplejo.

         - ¿¡Le habrán secuestrado!?

         - ¡No digas tonterías...! No puede haber ocurrido... ¿Verdad?

         - ¡Vayamos  al Polo Norte para averiguarlo! –Exclamó Ian, señalando el globo terráqueo que había en la habitación.

         - ¡Pero, Ian! ¿¡Cómo quieres que vayamos al Polo Norte!?

         - ¡Pues en trineo volador!

         - ... – Anthony miró a su hermano. Ian siempre tenía ideas, pero no sabía si clasificarlas en geniales o infantiles.- No podemos ir al Polo Norte en trineo.

         - ¿Y en barco?

         - Eso suena mejor. A lo mejo nos podemos colar en alguna embarcación que salga pronto.

         Ambos asintieron. Hicieron una pequeña maleta con la ropa más recia que tenían y se dirigieron al puerto. Por suerte para ellos, una expedición salía ese mismo día. Se escondieron entre la multitud y entraron. Después de unos minutos que se hicieron eternos, el barco comenzó a moverse. La brisa marina era gélida, pero no era fuerte. Ian y Anthony se escondieron en un camarote, donde permanecieron todo el viaje. No quería arriesgarse a ser descubiertos. Pero, el viaje era largo, y les entró sueño. Los pasos de la gente les despertaron. Ian y Anthony se bajaron después de asegurarse de que no había nadie.

         - ¿Y ahora? –Preguntó Anthony.

         - Muy simple. Buscamos el castillo de Santa Claus.

         -¿ Y cómo lo encontramos? No creo que haya ninguna señal.

         - No, pero a los mejor encontramos a sus ayudantes, los duendes.

         Anthony asintió. Se abrigaron y comenzaron a andar. En el Polo Norte hacía mucho más frío de lo que pensaron, pero no les detuvo de su misión. Los copos de nieve parecían que nunca iban a parar de caer. Anduvieron durante horas, hasta que empezaron a oler a caramelo. ¡El castillo de Santa Claus estaba cerca! Aunque estaban muy cansados, hicieron un último esfuerzo y siguieron caminando. Vieron algo en la lejanía. Un castillo verde, rojo y blanco, repleto de luces multicolores que se encendían en encendían y se apagaban, con torres en forma de bastones de caramelo, gorros de Santa Claus, notas musicales, calcetines y adornos de Navidad. Estaba a unos doscientos metros de distancia de donde estaban ellos. Cuando se acercaron a la puerta, no podían apartar la mirada del gran espectáculo de luces multicolores que había. Se fijaron en la puerta. ¡Estaba hecha de bastones de caramelos! Llamaron a la puerta. Cuando llamaron una melodía les recibió, y la puerta se abrió. El interior del castillo tenía las paredes del color del caramelo, las columnas rodeadas de guirnaldas con calcetines colgando. El suelo estaba cubierto con una alfombra roja con borde blancos. Un duende les llamó la atención.

         - ¿Qué hacéis aquí? Solo los duendes y Santa Claus pueden estar aquí.     

         - ¡Hemos venido a rescatar a Santa Claus! –Exclamó Anthony.

         -¿Rescatar? ¿De qué estáis hablando? Santa Claus está bien.

         - P-Pero, entonces, ¿y los regalos? –Ian no entendía nada.

         - ¡¡AAAHH!! ¡Ya es 25 de Diciembre! ¡Se nos olvidó mirar el calendario! Con las prisas de hacer todos los regalos, se nos olvidó completamente el día que era. ¡No os preocupéis! ¡Santa Claus puede arreglarlo todo!

         Ian y Anthony se miraron, felices de haber venido y de recordar a los duendes de que ya era Navidad. Los dos hermanos siguieron al duende de que era Navidad. Los dos hermanos siguieron al duende, que iba a buscar a Santa Claus. Estaba dormido, pero con la mano agarraba la lista de los niños que eran buenos y malos.

         - ¿Mmm? ¿Qué pasa? –Santa Claus se rascó la barba. -¡Oh! ¡Me he quedado dormido! Gracias por despertarme. Me he quedado dormido mirando qué niños han sido buenos y cuales no. Bueno, vamos. Hay mucho trabajo que hacer.

         Cogieron un gran trineo y cargaron los regalos. Santa Claus se encargó de poner una nota en todos los regalos explicando el retraso. Los hermanos Hecox se sintieron orgullosos de haber cumplido su misión. La mañana del 26 también fue un día mágico, como lo es toda la Navidad.

         Nota: Hecox se pronuncia ‘Hi-cox’.

 

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