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Una noche de San Juan muy especial

Una noche de San Juan muy especial

Corría el año 1942 cuando sucedió esta historia que os voy a contar, que aunque parezca increíble sucedió de verdad y eso es algo que hoy aun me aterra pero a la vez me fascina. Sucedió en San Roque, el miércoles 24 de junio, durante la noche de San Juan. Yo era un muchacho con apenas 13 años de edad, libre de preocupaciones, que disfrutaba de su verano jugando con los amigos, oh dios recuerdo cuando aun tenia pelo y fuerza en las piernas para correr... Ejem a bueno que me pierdo en los recuerdos de este viejo chocho ¿por donde iba ? Ah! Si el miércoles de 1942 , pues bien aquella tarde como todas las tardes estuve jugando al fútbol con mis amigos y después de eso nos fuimos a la playa donde mas tarde se celebrarían las hogueras de San Juan. Esa noche prometía ser animada, pero yo no me imaginaba cuanto, además como mi padre era el farero del pueblo y yo pensaba que se debería de sentir solo allí toda la noche y parte del día, pensaba quedarme allí toda la noche aunque esa noche quería tirármela entera de fiesta, era un niño después de todo.

La fiesta había empezado y había un montón de gente en la playa saltando hogueras y bebiendo queimada mientras otros que ya la habían bebido recitaban aquel conjuro. Yo estaba con mis amigos en nuestra pequeña hoguera a los pies del faro, donde mi padre nos vigilaba y gritaba que tuviéramos  cuidado, que si no respetábamos la fuerza del espíritu del fuego él no dudaría en achicharrarnos. Eso mismo le paso a Roberto, que se burlo de él justo en un salto y el fuego le quemo el trasero con tanta fuerza que casi se le podía ver la piel del trasero, ja! Le había quemado los pantalones y la ropa interior, todos nos reímos de él, el que mas mi padre. Pronto llego la hora a la que todos tenían que marcharse y mi padre y yo nos quedamos solos en el faro, pero tras 2 largas horas de cuentos sobre trasgos, y hadas que engañaban a los niños me fui a dar una vuelta por los acantilados dejando a mi padre con otra de sus historia para bebes en la boca, no podía aguantarlo mas, por aquel entonces era un chico que no creía en esas tonterías, pero todo eso estaba apunto de cambiar. Recuerdo que al cabo de 10 minutos caminando estalló una fuertísima tormenta. En el mar justo donde cada mañana nace el sol, los rayos caían sin piedad, el viento que hacia era tan fuerte que seguro que si saltaba por el acantilado podría volar como un pájaro, caía tanta agua que mis ropas ya no podían absorber mas, mis dedos parecían grifos abiertos al máximo y por los fuertes y rápidas gotas de lluvia casi ni se podía ver. De pronto los rayos dejaron de caer y como si de un amanecer se tratase una bola amarilla que desprendía una luz intensa emergió de las oscuras profundidades marinas y de ella empezaron a salir sombras en todas direcciones. Estaba alucinando  pensaba yo dando un paso atrás, pero al dar el paso hacia atrás me choque contra algo peludo y suave, al darme la vuelta ví a una especie de perro gigante apoyado sobre sus dos patas traseras con unos ojos morados que brillaban como dos bombillas, el color del pelo parecía ser negro y digo parecía porque la oscuridad de la noche no me dejaba distinguirlo, además entre su mirada penetrante y las afiladas garras que tenia en cada mano hicieron que no le prestara mucha atención al color de su pelo, yo solo quería correr, pero mis piernas no se movían, estaba totalmente petrificado, ni si quiera podía hablar, así que cerré los ojos y me preparé para lo peor, pero una voz tan dulce como la de una madre que le habla a su bebe dijo : “ ¡ Gerardo  cuanto tiempo! Hacia mas de 6 años que no te veía.”

¿ Mas de 6 años que no me veía? Que narices era aquella cosa y ¿ por que decía eso?

Pues bien tras un buen rato hablando me contó que era Susi, mi amiga imaginaria de la niñez, con la que al parecer compartí 4 años de mi vida, yo no la recordaba y eso hizo que se enfadara muchísimo puesto que ella me había recordado cada día. Tras tranquilizarla un poco le pregunte que qué hacía aquí y que por qué no había venido a verme antes, ella me dijo que : “ Una vez cada 67 Primaveras durante el solsticio de verano, el mundo de los sueños y el mundo real se unen durante la noche mas corta del año y los seres del mundo de los sueños podemos venir al mundo real si encontramos la puerta a este. Y respecto a por que me fui, me fui porque creciste y con ello tu espíritu humano dejando aletargado a tu espíritu feérico provocando que dejaras de verme a mi  y a todos los seres del mundo de los sueños hadas, trasgos, monstruos y demás seres del mundo de los sueños.”

Le pregunte que qué hacia aquí y me respondió que venia para llevarse de vuelta al mundo de los sueños a el hombre del saco y al coco y es que por lo visto ambos se habían escapado de la prisión del mundo de los sueños y venían a raptar a tantos niños como pudieran y a llevárselos a su mundo donde los convertirían en esclavos hasta que se los comieran. Teníamos que evitarlo y a toda prisa.

Nos dirigimos al faro a hablar con mi padre  y explicarle la situación, pero al llegar al faro y contarle la situación mi padre se rió y para colmo el no podía ver a Susi, solo dijo que nunca hubiese imaginado que tal historia saliera de mis labios y que me diese prisa si quería pillar al coco, que en la noche de San Juan hay muchos niños que se dormían tarde y que estos eran los preferidos del coco. Nosotros nos fuimos sin prestar mucha atención a sus palabras ya que mientras le explicaba la situación, Susi me contó que el espíritu feérico se muere a los 24 años si no ha crecido suficiente y que el suyo había muerto, también dijo que hay veces que muere incluso antes.

Al salir del faro ví a un montón de hadas y trasgos jugando y gastando bromas a los fiesteros y por primera vez ví al espíritu del fuego, era colosal, mediría unos 3 metros de alto, brillaba tanto o mas que el sol pero sin deslumbrar ni hacer daño a la vista, su expresión en la cara era la de un guerrero y su cuerpo inmenso desprendía un calor que imponía respeto, pero a pesar de su aspecto fiero jugaba con las hadas y los trasgos como un niño y avivaba las fogatas de los mas valientes. De pronto a lo lejos vimos a un señor vestido con un traje negro con rayas blancas o blanco con rayas negras que llevaba un saco enorme y a su lado unidos por una cadena un cocodrilo inmenso también con ese traje. A prisa fuimos tras ellos, iban directos al pueblo y no podíamos permitírselo ya que si se metían en el pueblo los perderíamos; Susi se puso a correr a 4 patas y me grito que subiese, así que corriendo di un salto y me subí sobre su lomo, me agarre a su pelaje como pude y antes de que me diera cuenta estábamos elevándonos del suelo. ¡Increíble! Susi también tenia alas, eran dos grandes alas llenas de pelo y negras como el cielo estrellado. En apenas unos minutos estábamos a su lado, así que nos dispusimos a pararlos y llevarlos de vuelta a la puerta o al menos a que no raptaran a nadie. El coco visto de cerca era impresionante, era una especie de hombre lagarto verde como las esmeraldas, mediría unos dos metros y medio de alto, su mandíbula era tan grande que te podría arrancar la cabeza y parte del tronco de un solo bocado, sus dientes parecían tan afilados que casi cortaban el miedo y el respeto que sentí al verlo tan de cerca, sin embargo el hombre del saco era un hombre con la cara llena de cicatrices, los ojos hundidos, de piel casi cadavérica y con una enorme joroba. Susi se abalanzó como una fiera sobre el coco y me dijo que cogiera un palo y que con todas mis fuerzas imaginara un arma, el hombre del saco no se quedó quieto y en un abrir y cerrar de ojos tenia una espada en sus manos. A mi por el contrario no se me ocurría nada que imaginar, hasta que vi venir hacia mi aquel monstruo que por la forma del palo y su longitud se me vino a la cabeza  una lanza, la imaginé y ¡voila! , aquello seguía siendo un palo y el hombre del saco ya estaba a mi altura , preparado para atacar, lanzó su primer golpe el cual esquivé de milagro, Susi me gritó que me concentrara, que imaginara bien el arma que yo quería con cada detalle y que la visualizara en mi mente. Me concentré tanto como me lo permitió la situación, la visualice en mi mente y por fin justo a tiempo para parar un nuevo golpe del hombre del saco apareció entre mis manos una lanza chuchurrida y un poco doblada, pero al menos era de metal, tenia punta  y creo que hasta estaba afilada, estaba preparado para enfrentarme a el hombre del saco.

Mientras tanto Susi y el coco se lanzaban zarpazos y mordiscos sin nunca llegar a darse excepto en una ocasión que el coco alcanzó con su mandíbula el hombro de Susi, Susi lanzó un aullido de dolor, que retumbo en toda la calle, la sangre empezó a correr por el hombro de Susi y esta aprovechando que tenia la cara del coco cerca le lanzó un fiero zarpazo a los ojos dejando así ciego al coco, el cual abrió la fuerte mandíbula con la que le aprisionaba el brazo izquierdo de Susi lanzando al aire de la noche casi terminada un intenso grito de dolor y rabia . Yo por el contrario daba golpes de ciego y no alcanzaba ni una vez al hombre del saco, pero gracias a la longitud de mi maltrecha arma tampoco dejaba que se acercara demasiado lo que me daba una pequeña ventaja, pero el hombre del saco no quería quedarse atrás así que dio un salto enorme intentando caer sobre mi con su espada, me pude apartar casi de milagro, pero el cometió un pequeño error  y es que no calculo la fuerza de su caída y al caer dejó su espada clavada en el suelo. Yo aproveché esa oportunidad y le lancé mi mejor golpe, el cual le dio de lleno ensartándolo en la lanza, al clavarle la lanza gimió de dolor y un inmenso charco de sangre de un color azul oscuro llenó el suelo, pero el hombre del saco parecía que aun tenia fuerzas para continuar así que se levanto como pudo, me miro, sonrió como si lo hubiese estado esperando y mientras se caía hacia delante dijo : “Gracias por haberme liberado .“

Y de pronto el cuerpo del hombre del saco empezó a brillar y se descompuso en decenas de pequeñas bolas plateadas que volaron hacia el este , por donde ya se veían los primeros rayos de sol. El coco también se deshizo en bolas plateadas y se marcho, me gustaría poder contarte la batalla entre el coco y Susi , pero lamentablemente estaba demasiado pendiente de mi propia batalla. Le pregunte a Susi que a que se refería el hombre del saco con aquello de haberlo liberado y ella me explicó que todos los monstruos son solo amigos imaginarios que han perdido su razón de ser , es decir su amigo, le pregunte que si cada vez que se muere uno de los amigos nace un monstruo, ella me dijo que no, que nace a partir de que éste en lugar de morir olvide a su amigo imaginario, entonces el amigo imaginario pierde su razón de ser y la pequeña semilla con la que nació el amigo imaginario se marchita y corrompe poco a poco, que es un proceso lento y doloroso ya que el amigo imaginario se deprime y poco a poco se va transformando en un monstruo, primero  cambia su cuerpo y después cambia su mente, volviéndose así una criatura que lo único que busca es venganza contra los niños y el primero de todos siempre es su creador. Entonces a causa de que yo me olvidara de Susi , ¡ Susi se estaba transformando en monstruo ! Le prometí a Susi que jamás la olvidaría, me despedí de ella y la acompañe a la puerta por donde todos los seres que habían salido estaban volviendo a entrar, una vez mas me despedí de ella y le prometí que no la olvidaría.

Ella se marchó por aquella puerta y hoy tu , tu padre y yo volveremos a ver a nuestros amigos.

Dime ¿Comprendes ahora por que os eduque a ti y a tu padre para que jamás dijerais no creo en los monstruos o no creo en tal cosa ? Mi querido Alberto todo lo que puedas imaginar existe de verdad, no lo olvides ya que yo no estaré aquí siempre para recordártelo.

J.A.P.

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